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Seis partidos. Una silla de ruedas. Así es como las Finales de 2008 pasaron a la historia.
Los Big 3 de Boston conquistaron su decimosexto campeonato con una receta sencilla. Kevin Garnett dominó los rebotes, Ray Allen no fallaba desde el triple y Paul Pierce —el MVP de las Finales del 08— lo hacía todo un poco.
En el Partido 1 de las Finales, Pierce se lesionó y se torció la rodilla tan grave que tuvo que salir en caravana con 6:49 por jugarse en el tercer cuarto. Pensó que había escuchado un chasquido. Eso sí, se trata de un hombre que sobrevivió a once puñaladas, así que una rodilla torcida no iba a impedirle jugar las Finales. Volvió a la cancha con 5:04 aún en el reloj en ese mismo cuarto. Minutos después, bang: triple desde la esquina derecha. En la siguiente posesión, bang: otro desde el mismo sitio. Un clásico instantáneo más en Beantown. El Celtic de toda la vida (hasta ese momento) había escrito su nombre en los libros de historia del baloncesto de Boston.
Le siguieron momentos aún más icónicos durante el resto de esa postemporada, suficientes para que liderara la anotación de los Cs y se llevara el MVP de las Finales de 2008.
El trofeo en sus manos en la portada de SLAM 121 respondió a todas las preguntas que acechaban a Boston. ¿De verdad pueden jugar juntos los Big 3? ¿Quién es ese base desconocido? Estuvieron a punto de perder contra Atlanta —¿cómo van a ganar el título? Y muchas más de donde vinieron.
Respuesta corta: Paul Pierce es, de verdad, The Truth.
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