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Este es Blake Griffin antes del inicio oficial de Lob City. No estaba ejecutando bloqueos y continuaciones con Chris Paul cuando salió SLAM 147. En su lugar, Baron Davis y Randy Foye eran los compañeros que le lanzaban alley-oops. Y vaya que sí, Blake se lució dunk sobre todos.
La expectativa se había vuelto incontenible después de que Griffin, la primera selección global del draft de 2009, se perdiera toda su temporada de novato por una lesión. Era una fuerza atlética en Oklahoma que ya había dejado entrever lo que la NBA podría ver noche tras noche. Así que el hecho de que su primera canasta en la NBA fuera un dunk le dio aún más vida a su creciente mito.
Continuaría haciendo volar por los aires a casi todos los pívots de la NBA camino a ser nombrado All-Star como novato.
Pero los dunks enterraron la noticia principal. Griffin no era solo un atleta fuera de serie. Era un verdadero jugador de baloncesto. Sus promedios finales tras jugar y ser titular en todos los partidos de los Clippers esa temporada fueron 22 puntos, 12 rebotes y 4 asistencias con un 50 por ciento de acierto en tiros. Que su nombre figurara en el premio ROY de esa temporada enfureció a algunos que se quejaban de que en realidad no era un novato. Pero esos eran promedios de All-Star logrados por un animador de All-Star. El titular de portada de SLAM 147 era la pura verdad. Todos en los Clippers y en la NBA sabían que él era el futuro de la Liga. Lo único que hicimos fue escribir lo que decían a puerta cerrada.
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