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El pabellón se queda en silencio un segundo cuando Sabrina Ionescu tiene el balón. Color espuma de mar en las gradas, manos en carne viva de tanto aplaudir, voces destrozadas tras un partido entero animando. Nueva York nunca se detiene, pero por ese instante la ciudad se mueve al ritmo de Sab. SLAM 264 ya está aquí, Nueva York.
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